jueves, 4 de agosto de 2011

Anna III

John William Waterhouse
Las Danaides
Ni un día sin su lágrima, te busca
La pesadumbre, a ti, a su consejero.
¿No fuiste tú el guardián de su venero?
¿No enturbió tu pasión su mano brusca?

Tú solo rezagaste la pardusca
Senda de la cicuta y al albero
Floreciente trajiste el desespero:
Tú solo la tristeza que te ofusca.

¿No eres capaz de ver en la latencia
Intermitente y fiel de tu alegría
Nada más que amargura y atonía?

Limpia el pozo febril de tu conciencia.
En ti no caben ya dolor ni pena,
Haz espacio en tu pecho a la azucena.

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